Voy por la calle y me topo con un cartel en una marquesina que dice algo así como que "Luke Skywalker no sería el Luke Skywalker que conocemos si no hubiera existido Ben Kenobi", anunciando el día 30 de septiembre como el Día del Maestro.
Una idea cojonuda, pienso, pero no puedo evitar acordarme de un sketch de Muchachada Nui (enviado por mi compañero D., que siempre me surte de todas estas "tonteridas" y así, gracias a él, estoy un poquito más conectado con el mundo) donde, con mucho cachondeo, se denuncia lo atados de pies y manos que están los maestros, y lo impotentes que se deben sentir contemplando cómo se van torciendo los chiquillos, sabiendo que se les puede caer el pelo por tan sólo pensar en regañarles, a estos angelitos que pegan palizas brutales a compañeros discapacitados, los graban con sus móviles y luego cuelgan la hazaña en Youtube. Igual soy yo, que no tengo paciencia (y ya he perdido la esperanza de ganar el Nobel de la Paz), pero no sé si, de estar en caso de algún maestro, podría reprimirme alguna vez algún que otro "anda, y que los eduque su puta madre, ¡hombre!". La verdad, viendo el panorama, el simple hecho de que no tiren la toalla en pleno es un acto que les honra, y mucho.
El sketch es más o menos así:
-"Bueno, maestro. ¿Qué pasa con mi chiquillo, eh?" Habla el padre, en actitud chulesca, dándole unas palmaditas amenazantes al maestro que no hacen presagiar nada bueno.
-"No, no... eeeh, ná". Dice el maestro, un poco tembloroso. "Si es que... Es que es un poco follonero, y ni hace ni deja, y a veces es un poco trasto en la clase".
-"Yaaa, ya", mofándose un poco el padre.
-"Pero vamos, que nada más, nooo...". El maestro intentando suavizar la situación (o quién sabe si evitando la hostieja que se le viene encima).
-"Pues en mi casa es muy bueno, ¿sabe usted?". Vuelta a las palmaditas amenazantes.
-"Ya, bueno, pero es que aquí..."
-"¡¡Es un santo!!" Interrumpe el padre, alzando la voz, y vuelve a dar una palmadita al maestro, pero dejando esta vez la mano en el hombro del maestro.
-"Si no es mal chico, lo que pasa es que..."
-"Que digo", vuelve a interrumpir el padre, "que a ver si le ha cogido usted manía"
-"Hombre, yo trato a todo el mundo por igual..." empieza a decir el maestro, viendose obligado a dejar la frase a medias por el zarandeo del padre.
-"A ver si le ha cogido manía", zarandeo, "A ver si son ustedes los maestros, ¿eh?", gritando y zarandeando al unísono. "a ver si son ustedes", usando ya las dos manos y doblando por la mitad al maestro justo en la "te" de "ustedes", fundiendo sílaba y llave de Judo en un solo gesto. "A ver si son ustedes los maestros", aquí es dificil de decir dónde acaba el zarandeo y dónde empieza la paliza. "¿Me entiende? que no saben educarles, ¿eh, maestrillo?. ¡¡Incompetente!!. Aaaay, los maestrillos". Zarandeo exagerado. Fin del sketch.
Algo de culpa, supongo que bastante, tienen los "Obi-Wan Kenobis" que han pasado por mi vida de que yo sea el "Luke Skywalker" que soy. No toda, naturalmente. No porque no les dé el crédito que se merecen, sino porque me consta que, en mi misma promoción, ha habido desde los que han llegado a consejero delegado hasta los que han acabado en el talego por robar coches (yo estoy, digamos, en medio). Así pues, por la regla de tres simple de que todos tuvimos el mismo maestro, digo yo que influyeron también el ambiente en el que crecí, los valores que aprendí de mis padres (no los que ellos me enseñaban, sino los que yo aprendí de ellos, observándoles, copiándoles), los amiguitos que tuve y, sobre todo, la capacidad que llegué a tener (gracias a todos estos) para discernir qué estaba bien y qué estaba mal. Creo que gran parte depende de uno mismo. Una parte muy grande. De niño quizá se pueda usar como excusa, pero con los cojones ya negros no se puede ir echando las culpas a nada ni nadie por lo que eres o por lo que haces.
No sé a vosotros, pero a mí me cansa un poco que, de repente y desde hoy, el 16 de octubre sea el Día Internacional del Escarabajo Pelotero de Madagasdcar, o el 20 de marzo el Día Internacional de las Flores-Polla de la Isla de las Almejas Locas... Sinceramente, me parece un poco cursi y 'tontuno'. Como decía mi añorada abuela D., (q.e.p.d.), "No, si dinero pa' arreglar el mundo no hay, pero pa 'tontás'...". Sin embargo, sí que este 30 de septiembre voy a ser agradecido y voy, al menos, a "malgastar" un minuto en recordar a los maestros que he tenido y en lo que me han enseñado. Si tenía alguna duda sobre quién soy, desde luego éstas se han disipado en ese minuto (que ha sido bastante más). De todos guardo un recuerdo inmejorable. A algunos aún estoy a tiempo de agradecerles algún día lo que han hecho por mí (que ha sido poco y mucho a la vez), para otros me temo que ya es tarde. También me recuerdo a mí mismo sorprediéndome soltando una lágrima por la muerte de un profe del que alguna vez me cagué en sus muertos por hijo de puta. Ahora ya no podré agradecérselo. Recordé a N.N.N., temida por todos por su exigencia extrema y por su escaso porcentaje de aprobados, y cómo fue ella la que me hizo darme cuenta de que, aunque me matriculé allí porque pensaba que era una buena forma de matar el tiempo, yo servía para eso. No sólo que servía, sino que era bastante bueno. Recordé a F.J.Q., alias "El Facha", que, con su "libertad de cátedra", como él decía, se pasaba las tardes hablándonos de cosas que no tenían nada que ver con su asignatura, y de cómo me encantaba oirle hablar, aunque no me enterase de un pimiento de lo que decía, y menos mal, porque la mayoría de las veces hablaba de política, y no era muy "imparcial" precisamente. Recordé a la Señorita M., mi profe de la guardería, que fue una de las personas que más me ha sorprendido en la vida. Y no por lo que me pudiera enseñar en la guardería, sino por lo que me enseñó casi treinta años después, cuando la volví a ver en mitad de la calle (bueno, me vio ella a mí) y, llamándome por ¡mi nombre de pila!, me preguntó si no la conocía. "Joder, claro que te conozco", le dije, "lo que me sorprende es que me reconozcas tú a mí, que ha pasado mucho tiempo y he cambiado bastante". Y acto seguido me preguntó si me seguía gustando dibujar, que cómo estaban S. y D. (¡los nombres de pila de mis padres!), que cómo estaban C. y A. (¡los nombres de pila de mis hermanos!), y se emcionó, como si fuera hijo suyo, cuando le conté lo que había hecho y adónde había llegado... Ahora recuerdo aquel día, y sé que ahí empecé a ser agradecido. Ahí, por si tenía alguna duda, empecé a creer que los profesores (al menos los míos) no estaban ahí para joderte la vida. Mi re-encuentro con la Srta. M. (y su gran memoria, que no es memoria, sino amor por lo que hace) me recordó algunos pilares esenciales que no pueden olvidarse. Me recordé a mí mismo, llevado por la mano de mi madre a la guardería, la parada obligatoria para comprar mi dónut, que por aquel entonces iba envuelto en un papel marrón y aceitoso, de aroma inolvidable. De cómo iba en el trayecto leyendo en voz alta todos los carteles, mientras mi madre se sentía orgullosa de mí. "Fruuu-te-riii-aaaa". "Muy bien, hijo. Frutería". Recordé a mi "hermano postizo", I.C.A., con el que hice las primeras pellas de mi vida y del que después me sentí yo orgulloso el día de su debut, un día, por cierto, agridulce... y, en fin, todos esos pilares indispensables que de vez en cuando nos hacen ver quién somos y de dónde venimos. Adónde vamos, como digo, depende totalmente de nosotros, y es una estupidez echar las culpas "a la vida" por lo que eres/haces/dices.
Hoy, 30 de septiembre, me levanto y me quito el sombrero por N.N.N., por F.J.Q., por la Srta. M., por Don E. incluso, del que me llevé alguna hostieja, y por todos los maestros que he tenido y tendré, por todos los maestros que sean como mi Srta. M., que sienten realmente amor por lo que hacen. Mis respetos, señoras y señores, para todos vosotros. Que se declare el dia D. como el Día Internacional del, digamos, color blanco, me parece tan cursi como peligroso, porque, entonces, ¿por qué no va a haber un día del color negro?, ¿y del verde?, ¿y del fucsia? (¿alguien sabe cómo es el color fucsia?, ¿se escribe así?), ¿y por qué va a haber nada más que días internacionales de colores?, ¿por qué no de sabores?, ¿y de olores?... y sólo tenemos 365 días en el calendario. Ya veis, la "tontería" se puede extender hasta el infinito. Sin embargo, si hay una cosa a la que aspiro en la vida, esa es a mirarme en el espejo y poder mantenerme la mirada, y para eso tengo que ser agradecido.
Mis respetos para todos vosotros. Mis respetos y mi admiración a gente como Antonio Marfil, del instituto Portada Alta de mi ciudad, por amar lo que hace, y por tener dos cojones. Porque es a gente como ellos a la que hay que admirar. Maldita la ¿casualidad? que gente como él no ponga su nombre a una calle, y que, por ejemplo, el hospital de la ciudad lleve el nombre de un hijo de puta como Carlos Haya (o quizá era simplemente un "mandao". Supongo que "mandao" por Queipo de Llano, otro hijo de puta que también da nombre a una calle). Pero eso es otro tema, del que no conozco mucho más que vosotros, y que ocurrió hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia no muy lejana...
A vosotros, maestros, ¡que la suerte os acompañe!
martes, 30 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Es un tema complejo pero, después de todo, sigo pensando que la base está en la familia.
Los profesores forman pero no educan, ni pueden ni es su misión. Si los padres mantuviésemos ciertos valores, hay cosas que jamás tendrían lugar. Y lo digo como madre.
Un besito
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