martes, 30 de septiembre de 2008

¡Suerte, Maestro!

Voy por la calle y me topo con un cartel en una marquesina que dice algo así como que "Luke Skywalker no sería el Luke Skywalker que conocemos si no hubiera existido Ben Kenobi", anunciando el día 30 de septiembre como el Día del Maestro.

Una idea cojonuda, pienso, pero no puedo evitar acordarme de un sketch de Muchachada Nui (enviado por mi compañero D., que siempre me surte de todas estas "tonteridas" y así, gracias a él, estoy un poquito más conectado con el mundo) donde, con mucho cachondeo, se denuncia lo atados de pies y manos que están los maestros, y lo impotentes que se deben sentir contemplando cómo se van torciendo los chiquillos, sabiendo que se les puede caer el pelo por tan sólo pensar en regañarles, a estos angelitos que pegan palizas brutales a compañeros discapacitados, los graban con sus móviles y luego cuelgan la hazaña en Youtube. Igual soy yo, que no tengo paciencia (y ya he perdido la esperanza de ganar el Nobel de la Paz), pero no sé si, de estar en caso de algún maestro, podría reprimirme alguna vez algún que otro "anda, y que los eduque su puta madre, ¡hombre!". La verdad, viendo el panorama, el simple hecho de que no tiren la toalla en pleno es un acto que les honra, y mucho.

El sketch es más o menos así:
-"Bueno, maestro. ¿Qué pasa con mi chiquillo, eh?" Habla el padre, en actitud chulesca, dándole unas palmaditas amenazantes al maestro que no hacen presagiar nada bueno.
-"No, no... eeeh, ná". Dice el maestro, un poco tembloroso. "Si es que... Es que es un poco follonero, y ni hace ni deja, y a veces es un poco trasto en la clase".
-"Yaaa, ya", mofándose un poco el padre.
-"Pero vamos, que nada más, nooo...". El maestro intentando suavizar la situación (o quién sabe si evitando la hostieja que se le viene encima).
-"Pues en mi casa es muy bueno, ¿sabe usted?". Vuelta a las palmaditas amenazantes.
-"Ya, bueno, pero es que aquí..."
-"¡¡Es un santo!!" Interrumpe el padre, alzando la voz, y vuelve a dar una palmadita al maestro, pero dejando esta vez la mano en el hombro del maestro.
-"Si no es mal chico, lo que pasa es que..."
-"Que digo", vuelve a interrumpir el padre, "que a ver si le ha cogido usted manía"
-"Hombre, yo trato a todo el mundo por igual..." empieza a decir el maestro, viendose obligado a dejar la frase a medias por el zarandeo del padre.
-"A ver si le ha cogido manía", zarandeo, "A ver si son ustedes los maestros, ¿eh?", gritando y zarandeando al unísono. "a ver si son ustedes", usando ya las dos manos y doblando por la mitad al maestro justo en la "te" de "ustedes", fundiendo sílaba y llave de Judo en un solo gesto. "A ver si son ustedes los maestros", aquí es dificil de decir dónde acaba el zarandeo y dónde empieza la paliza. "¿Me entiende? que no saben educarles, ¿eh, maestrillo?. ¡¡Incompetente!!. Aaaay, los maestrillos". Zarandeo exagerado. Fin del sketch.

Algo de culpa, supongo que bastante, tienen los "Obi-Wan Kenobis" que han pasado por mi vida de que yo sea el "Luke Skywalker" que soy. No toda, naturalmente. No porque no les dé el crédito que se merecen, sino porque me consta que, en mi misma promoción, ha habido desde los que han llegado a consejero delegado hasta los que han acabado en el talego por robar coches (yo estoy, digamos, en medio). Así pues, por la regla de tres simple de que todos tuvimos el mismo maestro, digo yo que influyeron también el ambiente en el que crecí, los valores que aprendí de mis padres (no los que ellos me enseñaban, sino los que yo aprendí de ellos, observándoles, copiándoles), los amiguitos que tuve y, sobre todo, la capacidad que llegué a tener (gracias a todos estos) para discernir qué estaba bien y qué estaba mal. Creo que gran parte depende de uno mismo. Una parte muy grande. De niño quizá se pueda usar como excusa, pero con los cojones ya negros no se puede ir echando las culpas a nada ni nadie por lo que eres o por lo que haces.

No sé a vosotros, pero a mí me cansa un poco que, de repente y desde hoy, el 16 de octubre sea el Día Internacional del Escarabajo Pelotero de Madagasdcar, o el 20 de marzo el Día Internacional de las Flores-Polla de la Isla de las Almejas Locas... Sinceramente, me parece un poco cursi y 'tontuno'. Como decía mi añorada abuela D., (q.e.p.d.), "No, si dinero pa' arreglar el mundo no hay, pero pa 'tontás'...". Sin embargo, sí que este 30 de septiembre voy a ser agradecido y voy, al menos, a "malgastar" un minuto en recordar a los maestros que he tenido y en lo que me han enseñado. Si tenía alguna duda sobre quién soy, desde luego éstas se han disipado en ese minuto (que ha sido bastante más). De todos guardo un recuerdo inmejorable. A algunos aún estoy a tiempo de agradecerles algún día lo que han hecho por mí (que ha sido poco y mucho a la vez), para otros me temo que ya es tarde. También me recuerdo a mí mismo sorprediéndome soltando una lágrima por la muerte de un profe del que alguna vez me cagué en sus muertos por hijo de puta. Ahora ya no podré agradecérselo. Recordé a N.N.N., temida por todos por su exigencia extrema y por su escaso porcentaje de aprobados, y cómo fue ella la que me hizo darme cuenta de que, aunque me matriculé allí porque pensaba que era una buena forma de matar el tiempo, yo servía para eso. No sólo que servía, sino que era bastante bueno. Recordé a F.J.Q., alias "El Facha", que, con su "libertad de cátedra", como él decía, se pasaba las tardes hablándonos de cosas que no tenían nada que ver con su asignatura, y de cómo me encantaba oirle hablar, aunque no me enterase de un pimiento de lo que decía, y menos mal, porque la mayoría de las veces hablaba de política, y no era muy "imparcial" precisamente. Recordé a la Señorita M., mi profe de la guardería, que fue una de las personas que más me ha sorprendido en la vida. Y no por lo que me pudiera enseñar en la guardería, sino por lo que me enseñó casi treinta años después, cuando la volví a ver en mitad de la calle (bueno, me vio ella a mí) y, llamándome por ¡mi nombre de pila!, me preguntó si no la conocía. "Joder, claro que te conozco", le dije, "lo que me sorprende es que me reconozcas tú a mí, que ha pasado mucho tiempo y he cambiado bastante". Y acto seguido me preguntó si me seguía gustando dibujar, que cómo estaban S. y D. (¡los nombres de pila de mis padres!), que cómo estaban C. y A. (¡los nombres de pila de mis hermanos!), y se emcionó, como si fuera hijo suyo, cuando le conté lo que había hecho y adónde había llegado... Ahora recuerdo aquel día, y sé que ahí empecé a ser agradecido. Ahí, por si tenía alguna duda, empecé a creer que los profesores (al menos los míos) no estaban ahí para joderte la vida. Mi re-encuentro con la Srta. M. (y su gran memoria, que no es memoria, sino amor por lo que hace) me recordó algunos pilares esenciales que no pueden olvidarse. Me recordé a mí mismo, llevado por la mano de mi madre a la guardería, la parada obligatoria para comprar mi dónut, que por aquel entonces iba envuelto en un papel marrón y aceitoso, de aroma inolvidable. De cómo iba en el trayecto leyendo en voz alta todos los carteles, mientras mi madre se sentía orgullosa de mí. "Fruuu-te-riii-aaaa". "Muy bien, hijo. Frutería". Recordé a mi "hermano postizo", I.C.A., con el que hice las primeras pellas de mi vida y del que después me sentí yo orgulloso el día de su debut, un día, por cierto, agridulce... y, en fin, todos esos pilares indispensables que de vez en cuando nos hacen ver quién somos y de dónde venimos. Adónde vamos, como digo, depende totalmente de nosotros, y es una estupidez echar las culpas "a la vida" por lo que eres/haces/dices.

Hoy, 30 de septiembre, me levanto y me quito el sombrero por N.N.N., por F.J.Q., por la Srta. M., por Don E. incluso, del que me llevé alguna hostieja, y por todos los maestros que he tenido y tendré, por todos los maestros que sean como mi Srta. M., que sienten realmente amor por lo que hacen. Mis respetos, señoras y señores, para todos vosotros. Que se declare el dia D. como el Día Internacional del, digamos, color blanco, me parece tan cursi como peligroso, porque, entonces, ¿por qué no va a haber un día del color negro?, ¿y del verde?, ¿y del fucsia? (¿alguien sabe cómo es el color fucsia?, ¿se escribe así?), ¿y por qué va a haber nada más que días internacionales de colores?, ¿por qué no de sabores?, ¿y de olores?... y sólo tenemos 365 días en el calendario. Ya veis, la "tontería" se puede extender hasta el infinito. Sin embargo, si hay una cosa a la que aspiro en la vida, esa es a mirarme en el espejo y poder mantenerme la mirada, y para eso tengo que ser agradecido.

Mis respetos para todos vosotros. Mis respetos y mi admiración a gente como Antonio Marfil, del instituto Portada Alta de mi ciudad, por amar lo que hace, y por tener dos cojones. Porque es a gente como ellos a la que hay que admirar. Maldita la ¿casualidad? que gente como él no ponga su nombre a una calle, y que, por ejemplo, el hospital de la ciudad lleve el nombre de un hijo de puta como Carlos Haya (o quizá era simplemente un "mandao". Supongo que "mandao" por Queipo de Llano, otro hijo de puta que también da nombre a una calle). Pero eso es otro tema, del que no conozco mucho más que vosotros, y que ocurrió hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia no muy lejana...

A vosotros, maestros, ¡que la suerte os acompañe!

martes, 23 de septiembre de 2008

¡Que no me gusta, coño!

Hoy, dos de mis compañeros y yo hemos tenido una discusión bastante amena y profunda sobre música y la industria musical, cine, y todo este tinglao tan subjetivo. Y la verdad es que es subjetivo de narices. Y qué dificil, por cierto, hacernos bajar del burro aunque nos den mil y una razones para ello, a cada cuál más convincente. Sin embargo, ha sido una discusión de lo más enriquecedora, con tres puntos de vista totalmente opuestos.

Todo ha surgido a raiz de haber aparecido en la conversación, aún no se sabe cómo, "La Macarena", del duo "Los Del Río". Todo un pelotazo a nivel mundial, sin lugar a dudas, que hasta el mismísimo ex-presidente Clinton bailó en la campaña electoral estadounidense. Si fueron mínimamente listos, Los Del Río se habrán forrao y seguramente habrán hecho el agosto de su vida. Sin embargo, lo que yo planteaba a A. y D. después de comer era si todo este follón convierte a "Los Del Río" en buenos músicos. Si a "La Macarena" merece la pena tenerla en cuenta musicalmente hablando.

Como amante de la música, y con todos mis respetos _y envidia, a partes iguales_ para "Los Del Río", mi opinión es que "La Macarena", musicalmente hablando, vale exactamente, por concretar una cifra exacta, una mierda pinchá en un palo. Opinaba yo en la sobremesa que, como cualquier otro arte, la música debía suponer la expresión de algo por parte del artista, y que cualquier composición debía suponer cierto esfuerzo, creatividad, ingenio, profesionalidad, saber hacer, etc. "La Macarena" en su conjunto, música y letra, no tiene musicalmente ningún mérito. Es más, me parece absurda. Otro cantar es, sin duda, que la producción, distribución y promoción de la canción es sencillamente inmejorable. Ahí están los hechos (aunque me pesen), y ahí tengo que rendirme ante la evidencia.

Era curioso ver los diferentes puntos de vista. Por ejemplo, A. opinaba que era un fenómeno social capaz de dar la vuelta al mundo, y que como tal había que tenerlo en cuenta y estudiarlo, aunque no le gustase la canción. Y D. decía que, como era el tema más bailado del mundo, (EEUU, Japón, etc) pues eso quería decir que era una buena canción. Es decir, como le gusta a la gente, pues el tema es bueno.

Mi conclusión: la gente no tiene ni puta idea. Pero, vamos, absolutamente ningún criterio. Cosa que yo ya sabía, por otra parte. No hay más que ver cómo los borrachos de mi bar cantan y bailan como locos, por ejemplo, el New York New York, de Sinatra (vaaaale, de J. Kander y F. Ebb), gritando: "Uoooooouh, ¡qué bueno!",y cómo acto seguido, cuando ponen el "Chiki-chiki" del Chikilicuatre ese, cantan y bailan como locos gritando: "Uoooooouh, ¡qué bueno!"... (¿pillan la ironía?).

Sinceramente, ¿es eso criterio?. No he podido evitar acordarme de un par de posts al respecto (geniales desde mi punto de vista) del blog de Javier Marías llamados "Cuando la gente no tenemos razón", e "Y rara vez tenemos razón", cuya lectura humildemente recomiendo. El que "El Código Da Vinci" (o ahora tan de moda "El niño con el pijama de rayas") sea el libro más vendido del momento en todo el mundo, no convierte precisamente a su autor en García Márquez, en Cortázar... en Faulkner, Shakespeare o, qué se yo, en Dante. Aunque seas el más rico y el más famoso. Has dado un pelotazo, se te reconoce, se aprecia, todo el mundo habla de él, pero eso no quiere decir que seas el mejor del mundo. Ni siquiera que seas bueno. De eso habla precisamente Marías: que le guste a la gente no quiere decir necesariamente que sea bueno.

Para mí, en la fauna musical co-existen dos especies: "champiñones", que aparecen y desaparecen por doquier, y "árboles". Hay a quien le gustan los champiñones, respetable, y hay, como a un servidor, a quien le gustan los árboles, y si son centenarios, o milenarios y con personalidad, aún más admiración.

No es que la industria apueste únicamente por el "pan para hoy" y nos deleite con bazofias y abortos cada vez más pestosos (que algo de eso hay). Están para ganar dinero y es eso lo que les importa, no la calidad de lo que se vende. Pero eso no es una excusa.

Hay quién me dirá "Oye, niño, pues mi artista favorito (Georgie Dann, pongamos por caso) lleva cuarenta años de carrera... y haciendo el exitazo del verano!. Él no es un champiñón". De acuerdo, muy bien. Cierto es que el McDonald's no es una empresa "champiñón" y está re-que-te-consolidada, ¡pero copón!, ¿tan dificil es entender que no es lo mismo la comida del McDonald's que la de un Restaurante Cinco Estrellas Michelín?.

¡Qué coñazo la subjetividad, por dios! ¿Es que nadie diferencia lo bueno de lo malo?.

Durante la sobremesa, D. siguió insistiendo en que por cojones "La Macarena" es una buena canción, por el simple hecho de que le gusta a todo el mundo. Yo, por otro lado, les intentaba convencer de lo contrario... ¿Que eso es un tema muy subjetivo?, pues a mí no me gusta, copón!

Definitivamente, soy un incomprendido... En fin, me voy a poner un rato a The Beatles, a ver si se me pasa el cabreo.


P.D.: Los músicos (actores, directores y artistas en general) han de pasar el infalible filtro del paso del tiempo. Éste los pondrá en el lugar de la Historia que se merecen. Si superan el filtro, estarán en la Historia como todos los grandes. Si no, la Historia tirará de la cadena y desaparecerán para siempre, gritando: "¡Ay, Macarena!, ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaay!!".

martes, 16 de septiembre de 2008

Defecto congénito

Siguiendo con esta pequeña locura de tirar piedras contra mi propio tejado (yo también soy "la gente"), y tras el éxito de mi primer post (cero comentarios), quiero hablaros acerca una de las muchas cosas que no me gusta de la gente. Es, sin duda, un defecto congénito sin cura posible, que está tan grabado a fuego en nuestro código genético como tener dos brazos y dos piernas. Me refiero a la temible, e incurable, enfermedad que todos padecemos conocida como "necesidad de tener razón", o en casos más graves y terminales "necesidad de tener razón por mis cojones".

Síntomas: ardor de estómago, malestar general, vísceras pa'arriba y pa'abajo, excesivo riego sanguineo en la cabeza (solemos ponernos 'coloraos'), hinchazón de las venas, ganas de cagarse en todo lo que se menea, gruñidos... los síntomas pueden ser infinitos, dependiendo de la persona. Lo que no suele cambiar es la causa. Estos síntomas aparecen siempre que alguien (da igual quién sea) tiene razón y nosotros no.

La ciencia parece haber demostrado que no todo es genética. Recientemente se hicieron experiementos con ratas y ratones en este sentido. Al parecer, quitaron las crias de ratones, que no suelen ocuparse de sus crias y las dejan de la mano de dios al nacer, y se las pusieron a mamá rata, que estas, por lo visto, sí que se ocupan de sus crias. El caso es que la rata, creyendo que eran suyos, crió a los ratoncitos. ¿Qué creeis que pasó cuando esas crias de ratones se hicieron mayores y tuvieron sus propias crias?, pues, sencillamente, que criaron a sus crias tal y como los hizo su mamá rata, y mandaron a tomar por culo millones de años de herencia genética "ratonera". Sí, aceptémoslo. Se nos ha ido a tomar por culo la excusa perfecta de "qué quieres que haga, yo soy así. Es genético". No, señor mío. Eres lo que eres y haces lo que haces porque te sale de los cojones. Podemos cambiar.

Hay que reconocer, volviendo al tema de nuestra "enfermedad", que se pierden muchísimas buenas ideas por nuestra dichosa manía de tener que llevar la razón por huevos. No escuchamos a nadie. Es como si a quien nos dijera que "dos y dos son cuatro" le contestáramos que "dos por tres son seis". Conversación de besugos a todas luces, pero no importa, porque lo realmente importante es que yo tenga la razón y tú no.

Y esto se aplica en todos los terrenos, e incluso con la gente que más quieres. Pongamos por caso, digamos, un "hay que tomar esta salida de la autovía" que le dices a tu pareja. "No, hay que tomar esta otra". "Que no, coño, ¡que es esta!". "¿Qué cojones dices? Es la otra, gilipollas"... y así hasta el infinito. Ahí es cuando empiezan a brotar estos síntomas detallados al principio. Y estamos hablando de dos personas que se quieren, imaginad dos que se caen mal.

Y luego hay que ver qué "hijoputa" que somos. Sí, tan duro como suena. Somos la única especie que sirve la venganza en un plato frío. Ya en sí misma la frase "la venganza es un plato que se sirve frio" es más hijaputa que una apendicitis. Porque, decidme, ¿hay algo más hijoputa que los "conques"?. Tenemos que tener razón por cojones, y si no, pues somos capaces de esperar todo lo que haga falta (a veces años y años, como en el Conde de Montecristo) para consumar nuestra venganza, y acercarnos y decir "conque decías que había que invertir en esta empresa, eh?". Y nos quedamos tan anchos. Tiene su explicación médica, no creais. Hasta que no nos acercamos hasta fulano para atizarle con un "conque", no nos sentiremos realmente aliviados de los síntomas de esta enfermedad. ¿Se puede ser más cabrón?.

Creo que deberíamos escuchar más. Y todos a una, como en Fuenteovejuna, y de vez en cuando meternos el orgullo por el culo, aunque esto es muy dificil, si no imposible.

En fin, que tengo razón ¡y vosotros no!. Y si no, ¡que os follen!

martes, 9 de septiembre de 2008

El hombre es ¿bueno? por naturaleza

No es que "no me guste la gente" como reza el título de mi blog. Yo, como todos los mortales, amo la vida, a mi pareja, a mi familia, a mi hijo, a mis amigos, etc, y pienso que la 'life is wonderful' y todo eso, sí... pero es que nosotros, la gente, ¡somos la leche!. Es una autocrítica que si me la permito es porque soy consciente de que soy tan de carne y hueso (y mierda) como el resto de los mortales.

Fue Rousseau (1712–1778) quien dijo que "el hombre es bueno por naturaleza"... ¡Los cojones es el hombre bueno por naturaleza!. ¡No me jodas, hombre!. Obviamente no estoy del todo de acuerdo con el bueno de Jean-Jacques, y de eso trata este blog. No sé si Rousseau tuvo alguna vez que tragarse el atasco que me trago yo a diario para ir al tajo, o simplemente conducir, o tuvo que hacer cola en un supermercado (o donde sea. Hacer cola en España ya sabemos todos lo que es), o, agarrense los machos, tratar con algún funcionario... El caso es que, no sé si porque la sociedad nos corrompe, porque la vida me engañó, o vete tú a saber por qué, somos unos especímenes con mucha mala leche (ese "hijoputismo español", como diría Pérez-Reverte).

Esta es mi primera entrada en este humilde blog, donde expresaré mis opinones, experiencias e inquietudes acerca del género humano. No olvideis, por favor, que es este un blog de opinión, y cada escrito que aquí se vierta será simplemente eso: mi opinión.

Quiero daros la bienvenida a mi blog y, sobre todo, daros las gracias por quedaros.

"El hombre es bueno por naturaleza"... ¡Los cojones!